martes, 20 de febrero de 2018

Ajedrez y los dientes de los libros...

La palabra cultura es una de las más difíciles de aplicar, podemos decir que alguien no tiene cultura porque desconoce algún tema o por lo beligerante de sus conocimientos, en realidad la ataraxia que mantenemos con respecto a cultivarnos nos mantiene en la zona de confort de lo pasivo, la gente prefiere ver las películas antes que leer un libro, prefiere los resúmenes de la computadora y la internet a ponerse a investigar en fuentes verídicas y confiables, nuestros conocimientos son totalmente melifluos.
El ajedrez es cultura, es algo más que los encuentros en línea, es más que ponerse a jugar con la computadora o contra la computadora; hay programas de todo tipo, desde aquellos en los que podemos elegir un nivel y ganarle, hay otros en los que las piezas son caracterizadas por personajes, hay unos más que nos enseñan el movimiento de las piezas, pero en realidad no existe un juego en el que se enfrente uno a la realidad de una partida real. La computadora nos absorbe.
La cultura se encuentra acéfala, los profesores solo cumplen al mínimo, la televisión es un cáncer que evoluciona sin control penetrando lentamente, sin hacer daños aparentes y va consumiendo costumbres, lenguaje, corrompe hasta la medula deforma el idioma dejándonos un adarme de nosotros mismos. Años atrás el ajedrez se enseñaba como cultura general, no como deporte, toda persona bien nacida conocía por lo menos el movimiento de las piezas, los avezados conocían la historia del ajedrez, (No la leyenda nada más), los expertos conocían la historia de los campeones y los Maestros todo lo anterior además de las partidas.
Esta es solo una alocución a la cultura del ajedrez, como ahora ignoramos los libros y los cineastas hacen caso omiso a todo aquello que haga pensar al auditorio no sabemos que por ejemplo García Márquez menciona en varias ocasiones el ajedrez, Vargas Llosa deja en algunas de sus obras la mención descriptiva del juego, hay obras enteras dedicadas al tema ajedrecístico que por supuesto pasamos por alto.
En el cine clásico no se olvida del arte de Caissa y vemos “2001 odisea del espacio” donde Kubrick  pone a Hall, la computadora a jugar con los humanos concediéndoles en ocasiones el triunfo para que no se sientan en un aprisco. “El séptimo sello” hace una alusión más que marcada en una escena increíble, “La tabla de Flandes” es una más y así podemos seguir escribiendo de cine. En la pintura podemos ver grabados desde el clásico “libro de los juegos” de Alfonso X el Sabio. O “La familia Windsor” de 1568. Jhon Lavery en 1929 Presenta su obra “Los jugadores de ajedrez”, o Franklin jugando con Lady How.
Podemos agregar que sin arredrarnos, cada jugador destacado tiene una historia fascinante. Los frailes benedictinos que dieron origen a las primeras partidas de ajedrez, o historias como la de Paul Morphy, Carlos Torre son dignas de encomio, Steinitz nos proporciona anécdotas fantásticas y ya no decir más de la leyenda de Capablanca o Thal, un insuperable Fischer o Petrosian el invencible, cada uno de ellos es un personaje capaz de deleitar con su historia y sus partidas.
Dejemos de ser babiecas, el canguelo a los libros es ficticio, a la fecha lo único que me han hecho es mantenerme cautivo, pero ninguno me ha tirado una tarascada.


Saludos.

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